ULTIMOS MINUTOS…
Mi nueva compañera era paciente, había estado rondándome desde aquel amago de infarto, fue entonces que la conocí. Fría y distante se mostraba ante mí, con una media sonrisa sabiendo que al final me haría suyo. Siempre aparecía entre sombras cuando mi debilidad se agudizaba. En ocasiones intenté hablar con ella, pero no parecía estar dispuesta a establecer lazos duraderos con nadie. Era fugaz como un destello oscuro envuelta de una inmensidad vacía y etérea. No esperaba nada de mí, tan solo quería hacer su trabajo de mensajera y yo desesperado intentaba huir de ella.
Creí poder engañarla con miles de tareas incumplidas, en respuesta a la inmadurez que demostraba aferrándome a lo conocido, ella tan solo se mantenía distante, su superioridad era evidente, a mí me faltaba el tiempo y ella parecía estar sobrada del mismo.
Durante las noches me negaba a dormir, quería estar bien despierto cuando tuviese que dar ese paso, ella se mantenía frente a mi cama inerte expectante. Su indiferencia hacia mi sufrimiento me indignaba, yo abría mi corazón buscando su solidaridad y comprensión pero al finalizar mis monólogos seguía manteniéndose impasible. No tenía el aspecto definido, pero aquella dama oscura no guardaba semejanza con los estereotipos determinados. Tenía tantas preguntas y tan pocas respuestas que seguía empeñado en asirme hasta el último segundo; no se lo iba a facilitar debería aguardar pacientemente hasta que llegase a estar preparado. Mis últimos pensamientos no fueron para mis relativos, en mi mente se formaron dos preguntas ¿habían más como ella o era la única? y si lo era ¿adoptaba siempre la misma forma, o cambiaba según el acompañante?
Algo más tarde muy suavemente me envolvió con su sombra, guiándome por los pasadizos de luz donde no había respuestas ya que no existían preguntas, todo lo terrenal se había disipado.