MONÓLOGO: ENFRENTAMIENTO A DIOS

Faltaban dos días ¡pero no! Tú tenías que jugar a la ruleta rusa, y por supuesto ganar. No llego a comprender tu propósito ¿sabes? ¿Tan mala persona he sido que me embarras hasta los tobillos y me hundes los pies en cemento para que no tenga escapatoria? Todo lo que he deseado se ha esfumado enun segundo, y para qué, o mejor dicho ¿por qué? ¿qué ganancia han obtenido? Ah sí, un reloj, unos cuantos euros, y una condena de veinte años, con posibilidad de revisión por buena conducta, y a mí me condenas de por vida.

Hoy tocaba ir a revisar las flores que habíamos escogido juntos, alegres llenas de fragancia y color, pero como en una pesadilla, se han vuelto coronas de muertos: sobrias.

Has jugado sucio ¡oh sí! Nunca te he pedido nada, he vivido sin violar tus leyes, me he comportado cordial incluso con aquellos a los que detesto ¿es que acaso has creído que ahora por fin me has atrapado?¿En algún resquicio de tu mente has pensado que voy a creer en ti? Tú no eres un iluso, y yo aunque condenada en vida, seguiré viviendo.

Alteras nuestras vidas por diversión ¿qué somos, los Playmobil, Juguetes que vas posicionando en tu maqueta hasta que te cansas? No puedo padecer por él, ha dejado de existir, porque no hay nada más allá de la muerte, ni cielos ni infiernos, ni demonios ni ángeles, y ¿sabes porque estoy tan segura?

Él era un ángel, porque los ángeles viven entre nosotros, y los demonios también. Que poca cosa debemos ser para ti, nos diezmas con todo tipo de miserias, y dejas que en tu paraíso habiten cada día más demonios, que aniquilan a hermosos seres como Arnau.

¿Qué haces de mí? Una sombra hasta el resto de mis días. El vestido blanco perfecto está colgado en esta percha, era demasiado perfecto, quizá demasiado blanco, ¿es posible que sintieses celos de la luz que refleja?

No, no te preocupes buscaremos un remedio para ello. Precioso, si perfecto, me queda como un guante. Si deseabas condenarme en vida a ser una sombra no debías haberme dado albedrío para tomar decisiones. Cierto es que no creo en el más allá por tanto ¿a qué me arriesgo, a una condenación en un mundo imaginario?

Quizá no hubieses sentido celos si en vez de blanco hubiese sido rojo, hagamos pues que la pureza se convierta en la pasión, en la vida y en la muerte.