EL SUSURRO
Pasaba la mayor parte de su tiempo libre en casa, en silencio. Había decidido liberarse de su teléfono móvil, la televisión, videos y todo tipo de aparatos eléctricos, excepto de su aparato de música. Para él, la música era como el aire, no concebía su existencia sin la armonía de los acordes.
Siempre huía de todo lo comercial, se dedicaba a buscar autores nada convencionales y lo que más le atraía, eran las voces suaves que seducían. Se enamoró de una voz, por ello a diario escuchaba las canciones de ese cantautor, una y otra vez. Aquella voz le hacía sentir vivo.
No deseaba ver físicamente ninguna imagen o fotografía del cantante, su imaginación, ya se la había adjudicado. Se sentía enamorado de la sensibilidad y fragilidad que él mismo, le había otorgado. Llegó a creer saber cómo era ese autor, sin necesidad de conocerlo.
Solía pasear por la orilla, mirando el mar, mientras las canciones sonaban en su mente. Hasta que un día, como un susurro aquella voz le instó a acercarse al mar y adentrarse en él, mientras lo hacía, la voz se iba difuminando hasta quedar ahogada con el sonido de las olas.