2 EL MAR, AGUA
Bajando por la montaña, de repente vi el mar, creo que me enamoré de él en ese preciso instante, como estaba tan lejos y se veía tan amplio decidí ir a él, cuando llegué, pude apreciar su movimiento coqueto, su singular sonido y su gran belleza.
La atracción que sentí me hizo descalzarme y dejar que su cosquilleo acariciase mis pies, tal imán
poseía sobre mí, que sin desnudarme entré en sus dominios, sentía frio y placer, una vez dentro me dejé seducir por su olor salado, para dejar de sentir frío me zambullí completa, buceé como una exploradora de tesoros, busqué y rebusqué pero aparte de algún cangrejo y pequeña coquina, nada hallé. Sentir la arena fina que se deslizaba entre mis dedos con una suavidad como la seda fue una terapia al tacto.
Ahora estando dentro sentía su calor y tan solo la suave brisa que jugaba con mi cabello me recordaba el momento desagradable que sería mi salida de allí, no obstante permanecí unos momentos más que se transformaron en horas.