DESEADA

Se sabía observada, sin pudor caminaba desnuda por las estancias. Su cuerpo tostado sin mácula incitaba al deseo. El joven del edificio opuesto se pasaba largas horas con unos prismáticos deleitando sus ojos y ambicionándola en su mente. Posaba ante el balcón, incitando al voyeur con posturas eróticas. Se acercaba al ventilador, rociándose con cubitos de hielo, la firmeza de su piel y la turgencia de sus senos, turbaba las mentes.

Al joven se le acababa el mundo, cuando aquella amazona decidía sistemáticamente a las nueve de la noche finalizar el espectáculo, la sexualidad del muchacho acababa pudorosamente en el baño cinco minutos más tarde.