3 LA BRISA, AIRE

Empapada de pies a cabeza y sin posibilidad de secarme, quedé a merced de la brisa que juguetona como una niña iba cambiando de dirección.

Me vi buscando los últimos rayos de sol para sentir algo menos de frío y poder secarme más rápidamente, cuando tan solo seguía mojada sin chorrear agua, empecé a dirigirme hacia mi casa, seguí mi camino sin coger ningún transporte.

Mientras caminaba, me di cuenta que la brisa parecía seguirme, pues mis cabellos rápidamente secaron.

Parecía tener muchas ganas de juego pues el cabello no paraba de cambiar de dirección, de pronto lo tenía en la cara y al momento siguiente lo levantaba ondulante hacia atrás, o a un lado u otro, era imposible controlarlo.

Con resignación dejé que hiciese de las suyas, y al poco tiempo estaba disfrutando de su indecisión, sus movimientos eran suaves aunque alguno que otro me sorprendió, seguí caminando y casi me desvié de mi camino a casa, pues de alguna manera yo empecé a participar de su vaivén, seguí caminando por caminos inusuales y me encontré con un amigo, el cual viendo que mis ropas estaban mojadas y que su casa estaba cerca me ofreció subir y cambiarme, y como el frío estaba haciendo mella en mí, acepté.