4 EL HOGAR, FUEGO.
Llegué arriba y entré en una habitación para quitarme la ropa, me envolví con una toalla como si de un rollito de primavera fuese, cuando salí de la habitación, mi amigo recogió mis ropas y encendió el hogar, mis ropas en primera fila apoyadas en una silla para que el calor del fuego las fuese secando, y yo acercándome suficientemente al fuego para quitarme el frío que había calado en mis huesos, una vez empecé a sentir el abrazo cálido del fuego, mi amigo me puso al día sobre su vida, y yo aunque escuchaba su relato me perdía en las brasas rojizas y en sus chispeantes crujidos, parecía tan atrayente y tan poderoso que si no hubiese sido por el hecho de saber que realmente es peligroso creo que me hubiese acercado aún más a él, mi amigo notó el poderoso efecto que el fuego parecía tener en mí y como si de un juego se tratase empezó a inventar historias de infiernos y demonios, sucumbí a esos relatos, me imaginé que yo era un alma maltratada y que estaba condenada a estar rodeada de ese calor infernal para toda la vida, e imaginando… imaginando, me quedé dormida.