EL NUEVO ORDEN.

En la sombría habitación, permanecía en silencio. Las teclas mudas iban a un compás. En el exterior había bullicio, el caos se había desatado. Las esquinas se desdoblaban a placer adquiriendo formas irregulares. La atmósfera era densa como una capa de vaho entrelazada con humo. Los árboles marchitaban aceleradamente en cuestión de segundos. El bullicio de las gentes tan solo duró unos minutos, después… la calma. Habían sucumbido agónicamente, sus cuerpos erosionados y translucidos permanecían inmóviles. Seres con caras metálicas iban apilando los cuerpos en contenedores, enfundándolos en bolsas selladoras blancas.

El nuevo orden había llegado, sería cuestión de días, horas, minutos, para muchos que permanecían como yo, encerrados en sus propias cárceles.