Éste es mi segundo libro de cuentos. El primero, Historias de Costaymar, trataba de cinco momentos diferentes en la historia de una colonia humana en un planeta tórrido donde sólo las costas australes extremas son habitables. En éste he querido variar: cada uno de los cuentos tiene lugar en un planeta distinto.
La premisa se mantiene: la colonización de otros planetas por parte de los emigrados de la Vieja Tierra, que ha llegado a ser un mundo legendario. Nadie parece saber con certeza la causa de la diáspora; todos intuyen que no fue del todo voluntaria. La Vieja Tierra es el punto de partida de los calendarios, las palabras, las historias.
La historia “real”, intermedia, lo que transcurre en los tiempos y espacios no mostrados, es dejada a propósito en un estado indeterminado. Esto es así tanto para comodidad del autor como para evitarle al lector largas exposiciones de asuntos que nada tienen que ver con los hilos principales de las narraciones.
Las historias que sí son contadas varían en su grado de pertenencia al género. El enfoque es absolutamente “duro”: no hay en todo el libro un rastro de fantasía o de tecnologías “indistinguibles de la magia”, ni siquiera aquellas típicas licencias como el viaje superlumínico, el viaje temporal, la teleportación o la telepatía. Pero a la vez es un enfoque “blando”, más centrado en los personajes y situaciones que en las tecnologías que utilizan o las ciencias que la respaldan. El lector decidirá si puede considerar y disfrutar como ciencia ficción una historia que podría ocurrir sin demasiados cambios en la Tierra en el siglo XX, sólo porque ocurre de hecho en un planeta distinto.