Ayurveda

Ayurveda es un término sánscrito compuesto de dos palabras: ayur, que significa vida, y veda, que significa sabiduría. El Ayurveda ve a la persona como un ser originalmente sano, que ha perdido el equilibrio.

A diferencia de la medicina occidental, la persona es vista y respetada como un todo físico, psicológico y espiritual, y ninguna de estas esferas puede ser dejada de lado a la hora de pensar en el estado saludable. Por lo tanto, el Ayurveda incluye prácticas espirituales como la meditación, el Yoga, etc.

Cuando el equilibrio entre los doshas, formas en que se maneja la energía, se ha perdido, seguramente habrá que modificar algunos hábitos. Entre los cambios que propone el Ayurveda los básicos son los dietarios.

El Ayurveda no prohíbe nada pero su base es vegetariana. Es prácticamente seguro que por nuestra constitución nosotros no estamos preparados para comer carne. El tipo de dientes que tenemos, el largo de nuestro intestino, etc., son datos que nos dicen que estamos más emparentados con los herbívoros que con los carnívoros.

Quienes, habiendo tenido a la carne como un elemento fundamental de su dieta, deciden voluntariamente reemplazarla por vegetales (verduras, frutas, cereales, legumbres) notan una diferencia considerable en su estado no sólo físico, sino también anímico y espiritual.

La alimentación ayurvédica no sólo tiende a ser vegetariana, sino a incorporar alimentos más sanos. Nada de envasados, precocinados ni comidas “basura”.

A diferencia del vegetarianismo, que proclama la prioridad de los alimentos crudos, para el Ayurveda la cocción es importante. Mezcla lo crudo y frío con lo cocido y lo caliente. Es una cocina más elaborada, más interesante en cuanto a los sabores al incorporar frecuentemente las especies.

Los condimentos que se utilizan no sólo tienen el objetivo del sabor, sino un efecto terapéutico, medicinal. Una de las vedettes de la cocina ayurvédica es el jengibre, tanto el fresco como el molido. También las semillas de mostaza y de comino, especies que en occidente no se acostumbran a consumir directamente en semillas, sino que por lo general se adquieren procesadas.

Albahaca, cardamomo, pimienta, cayena, son algunas de las innumerables especies que aportan sabor y efectos terapéuticos.

Con todos estos elementos, la alimentación ayurvédica se transforma en una dieta sana e interesante, que da importancia también al placer de comer y a la conexión con la comida. Enseña a que mires los colores del plato, a que los huelas.

Incorpora el olfato al comer, lo cual inicia el ciclo digestivo. Pero también le da una dimensión espiritual, con un sentido de agradecimiento. Se recomienda comer en un ambiente agradable, con una buena conversación o buena música.

En cuanto a los horarios, el Ayurveda considera al ser humano como una pieza más del Universo, el cual tiene su ritmo propio. Levantarse temprano, a las 6 o al amanecer. El desayuno a las 9h, el almuerzo estaría fijado entre las 12 y las 14h y el horario ideal de la cena entre las 18 y las 20h. La idea es que nos quede tiempo antes de irnos a dormir para llegar a la cama con la comida digerida.

Srila Prabhupada recomendó una dieta diaria como sigue: para desayunar sémola de trigo (Halava pág. 51) con frutos secos, pasas y leche (bien caliente) o yogur en verano, garbanzos crudos (remojados por la noche), jengibre fresco y naranjas, manzanas o plátanos. Para almorzar, arroz, chapatis, dhal y verdura hechos con ghee, jengibre fresco y especias recién molidas. Antes de descansar, leche hervida muy caliente y plátanos.