2016, marzo
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He madrugado para salir a dar un paseo con Ada. Puede que las 8 de la mañana no sea considerado por muchos madrugar, pero después de una semana levantándome a las 7 para ir a trabajar, a las 8 de un sábado es muy difícil hacer caso al despertador.
Mereció la pena levantarse pronto cuando vi lo bien que se lo pasó en el parque. A diferencia de otros fines de semana no nos quedamos por el barrio, si no que fuimos hasta el Parque de los Frailes. En un principio estábamos casi solos, jugando a lanzar un palo. Pero empezó a llegar un perro tras otro.
Carreras, persecuciones, embestidas, etc. Más de una hora jugando con hasta una decena de perros en el mismo sitio. Y es verdad que en algunas situaciones se asusta, pero todavía es muy pequeña. Además hay otros perros que a la mínima ladran, y a Ada no parecen gustarle los ladridos. Una buena experiencia para los dos.
Y hablando de paseos, ayer estuve visitando el tesoro egipcio que es el Templo de Debod en Madrid. No entré, ya lo había visto por dentro hace años. Y a pesar de que me encanta tenerlo tan cerca para contemplarlo, no puedo dejar de pensar si tiene sentido que estos templos estén fuera de Egipto. Desde luego la razón por la que se donaron debía llevarse a cabo, la pérdida de patrimonio de la humanidad es una desgracia. El conflicto que se da es si este patrimonio debe diseminarse y ser disfrutado en distintos puntos del globo, o conservarse lo más cerca posible de su lugar original. Pues en este tema no tengo un criterio, aunque si considero que no es lo mismo este caso que los saqueos que grandes museos llevaron a cabo en Egipto.
21: De mis gustos musicales
Llevo ya unos cuantos días con muchas ideas para escribir, pero poco tiempo (y ganas) de ponerme a la tarea. Y como hoy he visto un poco de tiempo libre después de salir a correr (de esto hablare mañana), voy a exponer mis géneros musicales preferidos.
Si hay un tipo de música que me gusta por encima del resto, ese es sin lugar a dudas el hard rock. Tiene algo que conjuga con mi forma de ser, o de pensar. Pero no es el único género que me gusta, de hecho considero que cualquiera podría gustarme bajo ciertas circunstancias.
Cuando era pequeño en el coche siempre se escuchaba Kiss FM. Esto me ha influenciado mucho, me encanta el pop y el rock de los 70 y los 80. No lo puedo evitar. Aunque ahora Kiss FM se ha echado a perder, por suerte puedo recurrir a M80 para saciar esta necesidad. Esto se podría considerar hacer trampa, ya que por mi edad las canciones de ambas décadas que he escuchado son las que ya se han establecido como referente. Han pasado por el filtro del tiempo, solo las mejores son recordadas y tienen el privilegio de ser compartidas de nuevo por las ondas.
En mis últimos años de educación primaria descubrí el rap, y me gustó porque era la novedad. Sin embargo mi gusto por esta forma de hacer música maduró, ya no solo me gustaba por inercia, empecé a entender los versos y ver la poesía oculta y reivindicación social que empapan las letras. Además el rap tiende a tener unas estructuras muy cuidadas. Hace años que he dejado de escucharlo de forma habitual, pero cuando recuerdo algunas rimas me gusta permitirme unos minutos para volver a disfrutar de una forma de entender la música que suele estar menospreciada. Y hablando de rap, simplemente comentar las ganas que tengo de ver Hamilton, y la imposibilidad llevarlo a cabo, ya que es un musical de Broadway y hay unos cuantos kilómetros de distancia.
¿Y por qué estoy hablando de mis gustos musicales? Llevo ya un tiempo escuchando canciones que se me hacían parecidas y próximas al hard rock, pero que no eran lo mismo. No sabía de que se trataba, de hecho no sabía si podían agrupar dentro de un género específico. Para mi era “algo” entre el metal y el hard rock. Hace unos días me enteré del nombre que se da a este subgénero, tampoco es que me hubiera preocupado en saberlo antes, nunca lo busqué. Se trata del power metal, cuyo nombre descubrí gracias a una entrada en Imgur listando diez géneros dignos de escuchar. Leyendo la descripción del power metal me percaté de que encajaba perfectamente con esas canciones que llevaba rato escuchando y que no sabía como catalogar correctamente. Una búsqueda rápida me aclaro las posibles dudas, escuche seis canciones representativas del subgénero y cinco me encantaron. De esas solo una la había escuchado antes, y casualidades de la vida, es una de las que más he escuchado, Holy diver, de Dio. ¿Y por qué es importante? Pues porque me gusta ser ordenado, y me sentía raro incluyendo esas canciones en mi lista de reproducción llamada Hard rock.
Y esta es la historia de cómo puse nombre a un género que probable que acabe desbancando al hard rock como mi tipo de música preferida.
PD: Releyendo esta entrada me he fijado en que no he hablado de música clásica, y eso no puede ser, así que voy a recomendar uno de mis fragmentos preferidos, The great gate of Kiev, de Mussorgsky.
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Atentado en Bruselas. Me entristece lo que ha pasado esta mañana en la capital de Bélgica. Y me enfurece que esto siga pasando, parece que el ser humano no evoluciona como debería. O no a la velocidad necesaria.
Me gustaría vivir en un mundo donde la historia este repleta de acontecimientos en favor de la humanidad, como por ejemplo los avances científicos. Desafortunadamente esto no es así, la mayoría de los sucesos que quedan registrados para futuras generaciones tienen connotaciones de violencia, ya sean guerras, ataques, etc. Incluso algunos avances científicos, como la llegada a la Luna o Internet, tienen un trasfondo militar. Hay otros acontecimientos negativos contra los que el ser humano tiene poco que hacer, los desastres naturales, sin olvidar que muchos si se pueden evitar, o al menos reducir, si combatiésemos el calentamiento global.
Después de sucesos como el de hoy es difícil apreciar que el ser humano evoluciona. Aunque sea un proceso lento merece la pena conseguirlo.
Mis condolencias al pueblo belga.
23: De promesas estúpidas y la fuerza de voluntad
Considero que tengo mucha fuerza de voluntad, y seguramente sea porque no me gusta saltarme las reglas. Por poner un ejemplo, en mis primeros meses de carné mi prima me dijo que en algún momento dejaría de hacer los stop, y ya van 6 años desde que tengo el permiso y sigo sin saltármelos voluntariamente. Y cuando hablo de stop lo digo con todo lo que conlleva, incluido el doble stop cuando no hay visibilidad. Y lo que más me molesta no es la gente que se lo salta, si no los que encima te pitan cuando lo haces bien, pensando que tienen razón.
Además me hago promesas a mi mismo, como reglas autoimpuestas, que no me gusta nada romper. Y en ocasiones son sinsentidos, como el año que no bebí ni una gota de refrescos de cola, y eso que era muy joven y era lo único que bebía que no fuese agua. O dejar durante una película la mano quieta en la misma posición por ver si puedo hacerlo. No saco nada de estas tonterías, quizás poner a prueba los límites de mi fuerza de voluntad.
Esto me lleva a algo que me prometí hace ya catorce meses. Durante años he querido terminar mi página web, pero nunca lo consigo. Cuando la tengo casi lista ya no me gusta o encuentro otra tecnología más interesante para construirla. Empecé por diversos CMS: phpBB, WordPress y por último Drupal. Después empecé a trabajar y abandoné el proyecto por completo, hasta que descubrí los generadores de páginas estáticas. Esta tecnología reavivó mis ganas de retomar la web, por fin había herramientas que encajaban mejor con la forma de trabajar de un programador al que le encanta el software libre. Me gusta tanto el código abierto que este diario lo estoy escribiendo con esas mismas técnicas. Con esas ganas reencontradas pensé que esta vez tenía que terminarla, y nada mejor que prometerme algo para lograrlo. ¿Cuál fue la promesa?, subir todos los días algo a GitHub hasta tenerla terminada. Y aquí estoy, ya van 424 días seguidos subiendo código, creando tareas o participando en la comunidad. El reto de llegar al año ya pasó, y la verdad no sé donde está el límite. Soy preso del gráfico de contribuciones de mi perfil, en el que todos los días aparecen en diferentes tonalidades de verde. En algún momento pararé, pero la verdad es que a mi ego le está gustando este proceso de encontrar el tope. Estos 424 días reflejan mucho más que 424 días subiendo código, son 424 días en los que he tenido acceso a Internet de una forma u otra. Hubo momentos complicados para conseguirlo, como las vacaciones a Alemania o a León. ¿Qué pasará una vez termine la web? Pues parece que este diario se va a encargar de ello, al estar escribiéndolo en GitHub puedo continuar con esta racha hasta que no pueda más, y ver hasta donde consigo alzar el número.
Pero si hay algo que se me resiste es adelgazar. Éste es el primer año que me lo he prometido de verdad. Otros años no me veía capaz, me lo proponía, pero sin un alto grado de compromiso. Este año es diferente, he vuelto a correr. El lunes me topé con un antiguo dilema, si llueve no salgo a correr. De hecho otros años estaba deseando que lloviese para tener una excusa y no salir. Pues para demostrarme que no iba a caer de nuevo en estas conductas salí a correr sin importarme la lluvia. Pero no era llovizna, y me calé. Y además cuando llevas gafas hay otro problema, se empañan y no puedes ver nada. Al menos no me resfrié, lo que faltaba. Al final no sirvió de mucho, de hecho con tanta lluvia no pienso volver a salir, pero si he hecho esto, este año lo consigo.
30
Ayer bañé a Ada por primera vez. Después de una Semana Santa en el pueblo tocaba limpiar la diversión de los paseos. El primer día cuando llegamos había ganas de paseo, así que bajamos desde Camposagrado. A medio kilómetro de nuestro punto de partida nos topamos con una sección del camino anegada. Ada se dirigió a toda velocidad, metió las patas y debió asustarse, porque saltó intentando alejarse del agua. Lo que no esperaba es que mas adelante cubría y, en cuanto la gravedad la arrojó de vuelta al agua, se hundió completamente. Aprendió rápidamente y salió por el lateral más cercano de un salto.
En ese momento comenzó la juerga. Corriendo de un lado a otro, metiéndose en todos los charcos, escarbando en el barro y tumbándose en la tierra. Esa última parte es la peor, en el pelo mojado la tierra se adhiere muy bien. Acabó seca por acción del Sol, dejando con un tono rojizo el pelo blanco de las patas y el pecho. La limpiamos un poco con una toalla, pero decidimos dejar el baño para después del puente. Con otros 3 días por delante de campo no tenía sentido.
Así que ayer la bañé, y vaya lucha. No puedo quejarme mucho, porque se dejó enjabonar y secar sin apenas moverse. El problema fue el aclarado. No entiendo como le puede gustar tanto pasear bajo la lluvia y no mojarse en la ducha. Tampoco le gustó el secador, así que tuvo que pasar por tres toallas distintas para estar medianamente seca.
Cambiando de tema, ayer compré The gods must be crazy en DVD, que es mi película favorita. Y encima es un pack con las dos oficiales. Hoy ha llegado, y no he podido resistirme al fin de semana para verla. Empecé al llegar del trabajo, aunque la he tenido que parar para cenar con unos amigos de León. Ya tengo ganas de completar esta entrada para poder terminarla, así que si algo se me ha olvidado, lo pondré otro día.