2016, abril
12
El tiempo pasa volando. Quería haber hablado de esto el primer día de abril,
pero lo fui dejando y ya ha pasado más de un tercio del mes. La primera versión
de este diario ya está disponible en Leanpub, y no me he podido resistir a
versionarlo del mismo modo que Canonical hace con Ubuntu. Utilizaré dos
números, siendo el primero el año y el último el mes. Esto causa que la primera
versión haya sido la 16.03, puede que no sea un método cómodo para llevar la
cuenta del número de versiones publicadas, pero facilita conocer hasta que mes
está incluido. El plan es liberar una nueva versión a principios de mes.
Esta publicado con un precio mínimo y recomendado de cero euros. Aún así Leanpub permite a la gente pagar algo si quiere, al igual que compartir los beneficios con una ONG. Como no estoy interesado en ganar dinero con esto, he asignado a la Electronic Frontier Foundation lo que me correspondería a mí. Aunque tengo otra razón para ceder las ganancias. Tal como está actualmente el sistema en España creo que tendría que declararme autónomo, a pesar de estar trabajando por cuenta ajena. Esto me obligaría a cotizar una cantidad que con una gran probabilidad sería mayor que los posibles beneficios de este diario. No lo he mirado detenidamente, podría ser que si no se llega a un mínimo no haya que pagar, pero prefiero evitarme problemas con algo tan sencillo como no ver ni un céntimo de esto. He escogido a la EFF para recibir las ganancias porque es una de las ONG con las que más me identifico. Pero no es la única, así que si quieres donar algo directamente puedes pasarte por las páginas web de Electronic Frontier Foundation, Sea Shepherd, SEO/BirdLife, Unicef, Médicos sin fronteras o Girls who code.
También aprovecho para dar las gracias a mi primer lector. Desde luego es una sorpresa, no esperaba que nadie se interesará por esto, y menos apenas 8 días después de haberlo publicado.
22: Donde cuatro informáticos viajan al sur
El pasado fin de semana he viajado con compañeros de trabajo a Andalucía. Surgió hace semanas, cuando nos apuntamos a la Escuela R Intensive en el circuito de Ascari. Nos quedamos con las últimas dos plazas disponibles, tuvimos suerte, solo dos queríamos participar. Pero se apuntaron otros dos compañeros para visitar Córdoba, Ronda y Granada.
Como sabíamos que el tiempo iba a ser escaso cogimos el viernes de vacaciones, aún así no calculamos bien. Queríamos verlo todo y finalmente nos tuvimos que conformar con ver poco, con el tiempo justo y no de manera completa.
Llegamos a Córdoba para comer, más tarde de lo que teníamos planeado. Luego vimos la mezquita sin llegar a entrar por falta de tiempo. Paseamos por los lugares turísticos, pasando por el puente romano, el templo romano y los jardines de la agricultura. Y con toda seguridad nos perdimos mucho.
Salimos con un poco de retraso y nos desviamos unos pocos kilómetros. Esto provocó que llegáramos a Ronda por la noche. Una vez dejamos el equipaje en las habitaciones no nos pusimos de acuerdo si salir a cenar o quedarnos en la casa rural. Finalmente dimos un paseo por los terrenos, buscando sapos y riendo cada vez que un pavo real gritaba. Gritaba, porque eso no es cantar, eso es gritar.
Al día siguiente tocaba circuito, por lo que había que descansar. Me costó dormir, y un pavo real me despertó a las seis, dejándome con los nervios que me impidieron dormirme de nuevo. Además, como apagué el aire acondicionado (modo calor), me desperté helado. No me gusta dormir con el aire puesto, se me reseca mucho la garganta. Después de varios intentos fallidos de volverme a dormir, acabé levantándome. Desayunamos, dejamos las llaves y fuimos al circuito, dejando a los dos que no participaban intentando dormir. Al llegar a Ascari nos dieron las acreditaciones y nos topamos con una mesa llena de bollos para desayunar. Para la próxima ya sabemos que no hay que madrugar tanto y podemos ir al circuito y tomar algo allí, y gratis.
Al poco rato hicieron unas presentaciones rápidas, y para mi sorpresa empezamos a conducir en ese mismo momento. Llamaron a diez para hacer una vuelta como prueba de nivel. Yo estaba entre esos primeros. Me asignaron un monitor y mientras andábamos hacia un Golf cambió de idea y me llevo a un Scirocco. ¡No me lo podía creer! Tenía miedo de que no fuera a tocar el Scirocco durante las pruebas (es lo que tiene desconocer como funciona el programa), y por casualidad fue el primero que caté.
Ahora es cuando menciono que durante dos semanas había estado entrenando el circuito en el Gran Turismo 6. Y me sirvió de mucho, el circuito ya me lo sabía a la perfección. Aún así las sensaciones con un coche de verdad son distintas, e impone más respeto estar de verdad sintiendo las aceleraciones y los cambios de masa provocados por los giros. Obviamente no fui a tope en esa vuelta, pero si aproveche para ir rápido desde el inicio. Mientras daba la vuelta el monitor se debió de dar cuenta de que conocía el circuito, porque me avisó que no era el trazado completo y había que tomar un atajo hacia la izquierda. También me sabía esta variante por los vídeos de YouTube del programa.
Después una clase teórica de hora y media, pero no sin antes recibir los comentarios del nivel de forma general. Desde el inicio ya veía que mucha de la gente que participaba no eran buenos conductores, y los comentarios me lo confirmaron. Y no me estoy refiriendo al manejo del coche, si no a las formas. ¡Uno había dado la vuelta al circuito con una mano al volante y otra en el cristal! Me da miedo imaginarme como va este por las carreteras.
Al acabar la clase teórica nos separaron en grupos de cinco para hacer las pruebas. Manejo del volante con giros cerrados, frenada de emergencia, recorrer un circuito pequeño en mojado y frenada progresiva controlada. Una pena que no me tocará en el mismo grupo que Jorge (primer personaje secundario de este diario, ¡yay!). La que más me gustó fue la de frenada de emergencia. Había que acelerar a tope con un Golf con launch control y al llegar a unos conos presionar el pedal del freno como si quisieras partirlo. Mi primer intento me pasé por medio metro del punto donde el coche debería haber parado. Y teniendo en cuenta que el pedal lo hundí, y que llegue a la señal a 130 km/h aproximadamente debí presionar el freno un instante más tarde de lo debido. Al segundo intento lo clavé, me quedé a menos de 20 centímetros de los conos.
Una vez acabadas las pruebas controladas tocaba pasar al circuito de nuevo. Mis primeras cuatro vueltas fueron en el Golf. Como se nota la mayor potencia respecto al Scirocco, sobre todo teniendo en cuenta la tracción total. Como agarra ese coche. En mi última vuelta lanzada me emocioné un poco y el coche deslizó de forma lateral. Pero para algo me debían servir todas las horas que he jugado a juegos de coches. Nunca me había pasado eso en la vida real, pero de manera instintiva supe como reaccionar, también podría decir que la memoria muscular tuvo algo que ver. Liberé un poco la dirección y después de unos momentos apasionantes y con susto inicial el coche volvió a agarrar y seguí como si no hubiera pasado nada. Algo similar le pasó a Jorge a menos velocidad y trompeó un poco.
Mi segunda tanda fueron cuatro vueltas con el Scirocco. Puede que tenga algo menos de potencia, pero al pesar menos tampoco se nota en exceso. Lo que si se nota es la tracción trasera. Es muy divertido conducir ese coche, y eso que es posible que con él hiciera peores tiempos. No lo sé con seguridad, ya que no tengo grabada la tanda con el Golf. Tiene el centro de gravedad mas bajo, y en las curvas hay que tener más cuidado con la transferencia de pesos junto con el control del acelerador. La verdad es que con ese tema volvía loco a mi monitor.
Luego hice una tercera tanda de tres vueltas con un coche de mi elección, así que repetí con el Scirocco. Finalmente nos dieron un diploma, pero aprovecharon el momento para comentar nuestros progresos. Y mi monitor lo que me vino a decir es que el circuito de verdad no es como el de la Play. Y es verdad, pero los recuerdos que tengo del Gran Turismo es que se acerca bastante. En cuanto vuelva a probar el juego lo sabré mejor, ya que no lo he jugado desde que volví.
Una vez acabada la experiencia en el circuito fuimos a reunirnos con los otros dos compañeros en Ronda. Vimos el Puente Nuevo y paseamos por las calles cercanas. Después de comer salimos dirección Granada. Como nos gusta el riesgo no repostamos en Ronda, creyendo que todo es como Madrid, con gasolineras cada cinco kilómetros o menos. Así que nos vimos obligados a buscar una con el móvil e ir a velocidad moderada para no quedarnos tirados.
Finalmente lo conseguimos, llegamos a Granada, y vaya odisea encontrar un sitio para aparcar cerca del hotel. Salimos a cenar tarde, culpa del presumido del grupo, que tenía que salir bien arreglado. En esto también nos traicionó la capital, los sitios de tapas cierran antes que en Madrid. Además cuando encontrábamos un sitio con buena pinta a alguno no le gustaba. Volvimos al hotel pronto, noche corta. Pero lo más gracioso estaba por llegar, y es que cuando Edu va “contento” no coordina bien. No encontraba la forma de abrir la puerta del hotel, y cuando lo consiguió, entre que estaba totalmente apoyado sobre la puerta y que no se acordaba que había un escalón, casi vuelca. Se salvó porque consiguió aferrarse en un último intento por mantener su dignidad.
El domingo nos despertamos y desayunamos en una pastelería. Con fuerzas renovadas subimos hasta la Alhambra. Y debido al poco tiempo de preparación del viaje no pudimos conseguir entradas. Nos tuvimos que conformar con la entrada y lo poco que pudimos ver desde los jardines del parador. Aunque si pudimos entrar en el museo que hay en el palacio de Carlos V.
Después de comer hicimos el viaje de regreso, parando en Guarromán a comprar bayonesas. Una pena haber tenido tan poco tiempo en este viaje, para otro año hay que organizarlo mejor y con más antelación.