Quién se beneficia de este libro
Es curioso que los interesados y dispuestos a probar este método, son las personas que YA están haciendo algo al respecto de organizarse mejor. Han tenido alguna experiencia de como el progreso en este campo es importante y por eso están dispuestos a cambiar. La mayoría de gente te dirá que no quiere “complicarse” la vida. Allá ellos. Como dicen en inglés, puedes llevar el caballo al río, pero no lo puedes obligar a beber.
He ofrecido varias conferencias a lo largo de estos últimos años. El error, es que muchas fueron charlas de ámbito general, no para personas interesadas específicamente en el tema.
El panorama en este escenario es, que durante la conferencia, todo el mundo parece estar de acuerdo, con ¡Ohhhs! y ¡Ahhhs! de admiración incluidos. Pero de las 50 personas, quizá una está realmente dispuesta a ponerlo en práctica.
Aventura en el consistorio
En una ocasión, ofrecí una disertación en un Ayuntamiento (omitiré el nombre, para ahorrar vergüenza, chanza y avezados comentarios de los lectores). En una sala, reunidos, ocho concejales, el alcalde y un servidor. La charla duró lo habitual, con presentación de diapositivas incluida.
Al final del discurso, estaba claro que nadie estaba dispuesto a mover un dedo o cambiar ni un centímetro sus hábitos y sistemas (o su falta de ellos).
La concejala de Cultura (sic) se levantó y dio su veredicto final, fruto probablemente de una larga y profunda meditación mientras dormía durante la conferencia: “Yo creo que la solución sería que el día tuviera más horas.” Oiga, esto es verídico. “Ses lo” juro.
Cómo ella misma había manifestado con anterioridad que su vida era un calvario en lo referente a organizarse, le contesté que si no podía con 24 horas, disponer de más tiempo sólo acrecentaría su estrés. No hubo respuesta.
La sensación que tuve al salir fue que el que más había aprendido en ese rato, había sido yo. Ya se sabe, enseñar es la mejor forma de aprender.
Ellos perdieron la oportunidad de ser el primer ayuntamiento en España en adoptar un método que está siendo punta de lanza en las grandes corporaciones en el mundo y yo perdí dos horas. Las perdí porque ni siquiera tuvieron la decencia de pagarme los honorarios acordados. Bueno, me dieron un papel para cobrar “no se sabe cuando.”
La cruda y triste realidad es que una gran mayoría de la gente prefiere quejarse y medrar en el sufrimiento conocido, que adoptar algo que (¡oh, Dios mío!) pueda mejorar su vida. El terror al cambio, que se llama.
Prefieren utilizar media hora articulando todo tipo de expresiones inútiles y lamentaciones que probar algo desconocido.
Y ya que estamos en política y ayuntamientos, es la misma razón por la que la mayoría de la población sigue votando a candidatos corruptos probados. “Más vale malo conocido…”
Me alegro que no seas una de esas personas mediocres y grises. No lo eres, porque has llegado hasta aquí. A no ser que hayas empezado a leer el libro por esta página.
Esa situación es tragicómica, depende de si tienes ganas de reír o llorar. Llegará un momento en que debido al cambio imparable de paradigmas en la sociedad, la gente en general se verá obligada a educarse en estos temas. Y si no, al tiempo.