Diciembre 26, 2014 - Sobre la Octava de Navidad

El tema del programa el día de hoy es la Navidad, en su aspecto litúrgico, la fiesta de la octava de Navidad.

Lo primero que deberíamos establecer es el hecho de que en la Iglesia marcamos el paso del tiempo de una manera diferente que el resto de la sociedad. Mientras que una sociedad cívica el día mas importante podría ser la independencia del país, a o la fundación de la ciudad, o algo así, pues para nosotros los católicos, el evento que marca el paso del tiempo es el Misterio Pascual: los eventos de la Pasión, muerte, y Resurrección de Jesucristo. Para nosotros la fiesta mas grande es la Pascua. Marcamos cada Domingo con la celebración de una Pascua “chiquita” por decirlo así, todo esto con miras al Domingo “grande”-el Domingo de Pascua.

La otra cosa que nos distingue de otras sociedades no cristianas, es que observamos el domingo como día de descanso. Esto nos viene como herencia de nuestros hermanos mayores espirituales, los judíos, a quienes Dios les confió la Antigua Alianza, que incluía un día de descanso ordenado para la humanidad, así como Dios descansó en el séptimo día de la creación. Antes de la venida de Jesús, este día de descanso era el Shabbat, o sea el sábado. Debido a la consideración de la importancia de la resurrección como razón de nuestra fe, la Iglesia transfiere la celebración del descanso del sábado al domingo, como lo tenemos el día de hoy la mayoría de los Cristianos.

Nuestro año litúrgico también tiene diferentes puntos de comienzo y final: en la sociedad secular el año termina el 31 de Diciembre y el Nuevo año se inaugura el 1ero de Enero, para nosotros los Cristianos católicos el año termina con la celebración de Cristo Rey, y el Nuevo año litúrgico comienza con el primer Domingo de Pascua.

Tenemos así establecido la razón de nuestro ritmo, de nuestro calendario, y vamos a pasar a hablar ahora de la temporada de navidad. Para nosotros los cristianos la navidad no se celebra en un solo día. En la sociedad secular, hoy viernes 26 de diciembre ya vemos que muchos empezaron a limpiar, a sacar sus pinitos a la basura, a quitar las luces de la casa, etc. Como católico, a mi se me hace tan peculiar que la sociedad capitalista y consumista en la que vivimos, cada año sacan las ventas de navidad mas temprano-este año creo que ya para septiembre varias tiendas tenían ya sus artículos de navidad a la vista. O sea, ya desplazaron no solamente al pavo de Acción de Gracias, sino también a las Calaveras de Halloween (que podría ser tema de otro programa…) etc. Para nosotros los cristianos católicos el ritmo es la espera de Adviento por cuatro semanas, y la celebración de la navidad por ocho días. Si lo escucho usted bien, la celebración de la navidad debe ser por ocho días.

La Navidad comienza el día 24 de diciembre en la noche con la celebración de la llamada Misa de Gallo, que es la Misa de Navidad. A partir de ahí, por los ocho días siguientes, se celebra la Octava de Navidad. Esta celebración, por ocho días, la podemos ver también en la costumbre judía de celebrar las fiestas religiosas más importantes, por ejemplo la circuncisión en el octavo día, después del nacimiento de un niño— por este número de días simbólico para ellos. Por eso al igual que la Navidad la Pascua tiene su propia octava. Celebramos por ocho días porque la celebración de la natividad del Señor no puede quedar reducida a un solo día. Necesitamos tiempo para asimilar la fiesta, para “comprenderla” por decirlo así.

Así como este tiempo de celebración nos ayuda a comprender mejor la fiesta, también tenemos un tiempo de preparación antes de poder entrar en el misterio que estamos celebrando. En el caso de la Pascua, tenemos los cuarenta días de la Cuaresma, y aquí en la Navidad tenemos la temporada de Adviento. Nosotros los cristianos católicos tenemos estos tiempos de espera, de preparación. En la Cuaresma y en el Adviento estamos llamados a hacer una reflexión sobre los misterios que vamos a celebrar. Y nos preparamos con la oración, la reconciliación, y diversos otros ritos, por ejemplo, la cultura hispana tiene las posadas empezando nueve días antes de Navidad.

Ya hablamos un poco de las razones por las que celebramos el tiempo de manera diferente, hablamos del Domingo de Resurrección, de la Pascua como punto central de nuestro vivir, de nuestro calendario litúrgico, hablamos de la razón para celebrar por ocho días-que es para adentrarnos en tan grande celebración, y hablamos también de las temporadas de preparación como la cuaresma y el adviento.

Y bien, ahora podemos hablar de las fiestas de la octava de Navidad. A primera vista nos parecería extraño lo que celebramos inmediatamente después del nacimiento de Jesús: san Esteban el 26, a san Juan el 27, y a los santos inocentes el 28. Esos tres días de fiesta introducen la idea del martirio en la celebración de Navidad. San Esteban fue el primer mártir, san Juan sufrió persecución y exilio a causa de Cristo y los niños asesinados por orden de Herodes confesaron a Cristo no con palabras, sino con su propia sangre.

Esta idea de martirio introduce una nota de realismo, ligeramente áspera, en nuestras festividades navideñas. No se nos permite recrearnos durante demasiado tiempo ante la cuna, donde todo parece bañado en una efusión de paz y de luz. La fe cristiana incluye el seguimiento de Cristo. Las malas interpretaciones, la oposición, la persecución, incluso el martirio, son la herencia de aquellos que desean pertenecer a Cristo y dar testimonio de él. En el evangelio para el día de san Esteban (Mt 10,17-22), Jesús mismo nos advierte anticipadamente de esto: “Seréis llevados ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los paganos”.

Otras dos de las fiestas de la Octava de Navidad serian la Sagrada Familia, y el día de María, Madre de Dios. El tema de la familia es muy importante para nosotros hoy en día que la familia se ve atacada por diferentes lados en nuestra sociedad. Para nosotros el hecho de que nuestro Señor se encarno en el seno, bajo la protección de una familia nos habla de su importancia.

San Juan Pablo II en su papado le dio gran importancia a la familia. Para Juan Pablo II, el plan de Dios para la familia es uno de servicio hacia la evangelización. Después de todo, en el plan de Dios, las familias han de ser una escuela de amor. Juan Pablo II escribió: “Los padres son, a través del testimonio de su vida, los primeros mensajeros del Evangelio para sus hijos.” Los padres son los primeros educadores de sus hijos, De acuerdo con el papa, la vocación de los padres como educadores es un verdadero ministerio, y tiene sus raíces en el sacramento del matrimonio. Para Juan Pablo II a la familia es de suma importancia, no sólo para la Iglesia, sino también para la sociedad en general. Según él, la familia es “la célula primera y vital de la sociedad.”

Finalmente tenemos la fiesta de María, Madre de Dios. Esta fiesta la instituyo en tiempos modernos el Papa Pio XI en 1931, para celebrar los quince siglos de aniversario de la proclamación de María como Madre de Dios por el Concilio de Éfeso en el año 431. Celebramos así a María que es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación. En nuestra Madre Santa María encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús, ayudándonos a conformarnos con Él.

Quisiera concluir ahora con la aplicación a nuestras vidas de lo que hemos mencionado. ¿Qué significa como católicos que tengamos estas temporadas litúrgicas, porque celebramos las cosas de esta manera? Y bueno, a mi entender celebrar estas fiestas tan grandes como la Navidad y la Pascua por un periodo de varios días, nos ayuda a adentrarnos en los misterios tan grandes que celebramos. Si le ponemos atención, otras culturas hacen los mismo- por ejemplo en la cultura India una boda no dura un día, como es el caso para nosotros, ellos celebran por toda una semana. Y no son los únicos, judíos, árabes, y muchos otros lo hacen así. Es algo muy humano el extender la celebración para poder adentrarnos en ella. Por eso nosotros igualmente vamos a mantener nuestras decoraciones, nuestro nacimiento, y vamos a seguir cantando cantos de Navidad por toda la temporada. ¿Cómo debemos celebrar la Navidad? Bueno, primero que nada con alegría, como nos exhorta san Pablo: estén alegres en el Señor. Compartimos de esta alegría con los mismos ángeles que alaban a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres” – como vemos en el evangelio según San Lucas. Celebramos por estos ocho días con la alegría de saber que Dios esta con nosotros. Con Zacarías decimos “Bendito sea el Señor, Dios de Israel porque a visitado y redimido a su pueblo.” Como nos propone la liturgia, dentro de esta alegría que vivimos, estamos consientes de la cruz. Estamos consientes que seguir a Jesús lleva al martirio, quizás no el martirio de dar nuestra sangre, pero si el martirio de matar al viejo yo, de hacer a un lado las cosas que nos separan de Dios. Hermanos y hermanas, gracias por estar con nosotros en este programa, y que Dios nos otorgue la gracia de llevar esta alegría de la Navidad, de tener a Dios con nosotros que la llevemos siempre en nuestros corazón. Gracias y que Dios los siga bendiciendo.

Puedes escuchar el programa original aquí: http://www.jcmoreno.net/2014/12/26/el-gozo-del-evangelio-octava-de-navidad/