El Gozo del Evangelio-Compilación
El Gozo del Evangelio-Compilación
Adrian Herrera, JC Moreno, Gerardo "Lalo" Salazar
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Marzo 27, 2015 - Sobre el Perdón

Estimado radio escucha, Hoy hablaremos sobre el regalo del perdón de Dios, este mundo necesita mas calor, nuestras familias necesitan ser sanadas y restauradas. Por lo cual, la arquidiócesis de Galveston-Houston a través de su oficina de Evangelizacion y Catequesis ha desarrollado un recurso basado en el tema de los Obispos de los Estados Unidos “Enseñando sobre el Regalo del Perdón de Dios”, el cual aquí les compartimos.

Herramienta 1: Dios desea ofrecer el perdón y lo hace libremente.

La Iglesia Católica enseña que el mundo existe en la actualidad en un estado quebrantado y pecaminoso, y que todas las personas que han nacido en este mundo sufren los efectos de este pecado. Mientras que para algunos esta enseñanza puede parecer oscuro y negativo, todas las personas deben reconocer que con una autoevaluación honesta, encuentran tendencias dentro de sí mismos hacia el egoísmo, la autosatisfacción, la envidia y el orgullo que a veces les lleva a ser menos cuando en el interior desean ser personas amorosas y generosas. Es difícil a veces ser bueno y hacer lo que ya sabemos que es lo correcto. Esto se suma a la realidad que a veces nosotros también luchamos por conocer y reconocer lo que es lo correcto. Frente a esta realidad, Dios ha respondido y respondido con fuerza. Por su propia elección libre de Dios, él busca salvar al mundo de este quebrantamiento. El Padre ha trabajado esta salvación en el tiempo. El plan del Padre para la salvación encuentra su plenitud en la encarnación de su Palabra en Jesucristo, que se ha convertido Emmanuel, Dios-con-nosotros. Es en Jesucristo que los lazos del pecado han sido finalmente rotos. Por medio de Jesucristo, Dios nos ha dado el don gratuito de su misma vida. Es decir, por medio de Jesucristo Dios invita a la gente a participar en la vida íntima de la Santísima Trinidad. Esto es lo que llamamos gracia santificante. El Espíritu Santo infunde el don de la gracia santificante en el alma de los que la reciben, para que sean sanados del pecado y hechos santos. Estamos en la necesidad del perdón; Dios desea ofrecerla, y lo hace con tanta libertad.

Pregunta de Reflexión ¿Qué diferencia podría hacer en su vida si comenzara cada día recordando intencionalmente que todos estamos en necesidad de perdón y que Dios ofrece libremente el don del perdón a cada uno de nosotros?

Herramienta 2: Dios escoge mediar sus gracias a través de los Sacramentos.

En el día de Pentecostés, la efusión del Espíritu Santo hizo visible a la Iglesia y evidente para el mundo entero. Pedro y toda la predicación de los apóstoles, provocó el bautismo de miles y el nacimiento de una nueva era - la era de la Iglesia. En esta era de la Iglesia, Cristo se manifiesta y hace presente y comunica su obra de salvación a través de la liturgia de la Iglesia. En esta era de la Iglesia, Cristo vive y actúa en y con su Iglesia de una nueva manera adecuada a esta nueva era. Él actúa a través de los sacramentos en lo que se llama “la economía sacramental.” La palabra economía aquí no se refiere a las finanzas o las importaciones o las exportaciones, pero a manera de como las cosas se han ordenado por Dios. Esta economía sacramental, es pues, la comunicación o “dispensación” de los frutos del misterio Pascual de Cristo. Cada sacramento, celebrada por la Iglesia en nombre de Cristo, es una acción de Dios por el cual Dios busca que derrame sus dones y gracias. Cada sacramento tiene efectos que son únicos a la misma. Dios ha elegido esta manera de mediar en su gracia hasta que Jesucristo venga de nuevo. Si bien, en principio, Dios podría haber elegido diferente, confiamos en el designio providente de Dios y respetamos esta revelación de Dios. Por lo tanto, con razón, podemos esperar que nuestro acceso al don del perdón de Dios es lo primero y ante todo a través de los sacramentos.

Pregunta de Reflexión Piense en un momento en el que fue parte de una celebración sacramental y estuvo poderosamente consciente de la gracia de Dios que se derramó en ese sacramento.

Herramienta 3: El Bautismo es el sacramento primordial del perdón.

El bautismo es siempre el primer sacramento que recibe un Cristiano; de hecho, es el sacramento que hace a uno Cristiano. En la recepción de este sacramento una persona cambia fundamentalmente, permanentemente e irrevocablemente. En el lenguaje de la Iglesia, se dice que el bautismo deja una marca espiritual indeleble. Hay muchos efectos de este sacramento. Estos efectos incluyen: hacerlo a uno coheredero con Cristo crucificado y resucitado, un templo del Espíritu Santo, que incorpora a uno a la Iglesia, y haciéndolo participe en el oficio trino de Cristo sacerdote, profeta y rey. Pero entre todos estos efectos hay otro que se destaca. El bautismo perdona todos los pecados, tanto el Pecado Original como el personal y hace de uno una nueva criatura. Es importante recordar que el bautismo y el perdón que trae, es una gracia y don de Dios que no suponen méritos humanos. Nosotros no hacemos nada para ganar la gracia del bautismo. Esta es una de las razones por las que la Iglesia siempre ha visto como legítimo bautizar infantes, una práctica que se remonta a los tiempos apostólicos, cuando familias enteras, niños incluidos, fueron a menudo bautizados. Debido a la práctica de la Iglesia del bautismo de infantes, y la incapacidad de un niño a cometer un pecado personal, la gente a veces se enfocan exclusivamente en el perdón del pecado original y se olvidan de que el bautismo perdona los pecados personales. ¡Para los adultos bautizados como parte de RICA es un punto significativo e importante para recordar! En la Iglesia primitiva, los adultos se acordaron muy bien de esto cuando el bautismo de adultos era más común que hoy. De hecho, hubo momentos en que muchas personas retrasaron el bautismo hasta que estuviesen cerca del lecho de su muerte con el fin de asegurarse de que todos los pecados personales de su vida fueran limpiados por las aguas del bautismo. Afortunadamente, hoy en día reconocemos otras oportunidades sacramentales para el perdón que se discutirán en las sesiones siguientes y no sentirse con la necesidad de retrasar el bautismo hasta el día próximo a la muerte. El bautismo es el primero, y en muchos aspectos, el don sacramental más importante del perdón de Dios.

Pregunta de Reflexión ¿Alguna vez ha sido testigo del bautismo de un adulto? Si es así, ¿ha podido visualmente ver en ellos en ese momento, una expresión de su experiencia de ser, al ser perdonados tanto del pecado original y de todos los pecados personales de toda su vida? ¿Cómo se imagina como es esa experiencia?

Herramienta 4: El perdón ofrecido en el Sacramento de la Eucaristía.

La mayoría de los Católicos, cuando piensan en la relación de la Eucaristía con la idea del perdón, probablemente piensan primero sobre la enseñanza de la Iglesia que, a fin de acercarse dignamente en el encuentro sacramental con el Señor en la Sagrada Comunión, uno debe estar en estado de gracia. Es decir, que uno normalmente no debe recibir la comunión si uno es consciente de cometer pecado mortal y, en particular, si en la actualidad está viviendo en un estado objetivamente pecaminoso (por ejemplo, vivir en un matrimonio no reconocido como válido por la Iglesia Católica). La única excepción a esto es si hay una razón seria por qué se desea recibir la comunión y no hay oportunidad de confesarse; en este caso la persona debe hacer un acto de contrición perfecta en la que se expresa, por amor a Dios, un sincero pesar y arrepentimiento por las malas acciones, la intención de evitar esto en el futuro, y la resolución de confesarse cuanto antes. Si bien esto es cierto e importante, y no debe ser pasado por alto, a veces conlleva a la gente a pensar de la comunión como la recompensa para las personas que ya han sido perdonados y omite el perdón abierto y posible dentro de la Eucaristía misma. En el sacrificio sacramental Eucarístico, los fieles ya unidos a Cristo por el bautismo, se unen para ofrecerse a sí mismos junto con Cristo como ofrenda eterna en la cruz. Esto sirve como una ofrenda por los pecados de los vivos, así como a los fieles difuntos que han muerto en Cristo. Este sacrificio también proporciona beneficios espirituales y temporales de Dios atrayéndolos más cerca a Cristo. Como resultado, la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo no sólo aumenta la propia unión con el Señor y con los demás (¡como su propio nombre lo indica!) Pero también perdona los pecados veniales y preserva a futuro de los pecados graves. El acto penitencial al inicio de la Misa, no importa cuál de las muchas maneras tome forma, es un recordatorio de la misericordia de Dios, que en y a través del Sacramento de la Eucaristía, nos ofrece su regalo de perdón.

Pregunta de Reflexión ¿Cómo ha experimentado el ofrecimiento del perdón a través de su participación en la celebración del Sacramento de la Eucaristía? ¿Qué diferencia ha hecho en su vida?

Herramienta 5: El Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación y el Don del perdón. En muchos sentidos, el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación es el ejemplo más claro del regalo del perdón de Dios. Por voluntad de Cristo, la Iglesia posee el poder de perdonar los pecados de los bautizados. Esta se ejerce normalmente a través de los obispos y los sacerdotes en el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación. El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia, está obligado a confesar al sacerdote todos los pecados graves no confesados que recuerdan tras examinar cuidadosamente su conciencia. Este es el único modo ordinario con el que la Iglesia en nombre de Cristo puede reconciliar una persona con Dios y la Iglesia. Debido a esto, uno de los preceptos de la Iglesia es que, “Usted debe confesar sus pecados al menos una vez al año.” La confesión habitual de los pecados veniales es muy recomendable. Ayuda a formar la propia conciencia, y permite que uno sea sanado por Cristo y progresar en la vida del Espíritu. En respuesta a la misericordia y la compasión de Dios, la verdadera penitencia implica una conversión del corazón. Esta auténtica conversión implica un dolor y aborrecimiento por los pecados cometidos, una disposición firme de parar de pecar, así como las medidas necesarias para apartarse del mal y permanecer unidos con Dios. En cualquier forma que la celebración del rito se celebre, los cuatro elementos esenciales de la celebración del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación son: el arrepentimiento por los pecados cometidos, confesar los pecados al sacerdote, recibir la absolución, y hacer penitencia y corregir cualquier mal que se haya hecho. Celebrar el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación es una de las formas más profundas que podemos experimentar el regalo del perdón de Dios.

Pregunta de Reflexión Piense en la primera vez que se celebró el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación. ¿De qué manera ha madurado su experiencia de este sacramento a través del tiempo?

Herramienta 6: La relación entre el Sacramento de la Unción de los Enfermos y el Perdón.

No hay duda que de todos los sacramentos, el Sacramento de la Unción de los Enfermos es el menos entendido por el mayor número de Católicos. Los Católicos de más edad recordarán el antiguo nombre de “Extremaunción.” De la palabra “extremo” muchos toman la idea de que este es un sacramento que rara vez se va a utilizar. De hecho, muchos Católicos igualan incorrectamente este Sacramento con la idea de “Los últimos Ritos” y podría suponer que está reservada exclusivamente para aquellos que están a punto de morir. La enseñanza actual de la Iglesia es muy diferente. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia dice, “Por tanto, el tiempo oportuno para recibirlo comienza cuando el cristiano ya empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” (no. 73). El Catecismo de la Iglesia Católica va más allá al afirmar: “Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan” (no. 1515). El Sacramento de la Unción de los enfermos tiene muchos efectos: la unión de la persona a la Pasión de Cristo, para el bien de uno y el de toda la Iglesia; el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez; la restauración de la salud, si es propicio para la salvación de su alma; y la preparación para el paso a la vida eterna. Por último, la Iglesia enseña que un efecto del sacramento, es la remisión de los pecados, si la persona no fue capaz de obtenerlo por el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación. Así vemos que el Sacramento de la Unción de los Enfermos es otro de los sacramentos a través del cual Dios ofrece su regalo de perdón.

Pregunta de Reflexión ¿Alguna vez ha recibido, ya sea usted mismo este sacramento o ha estado presente cuando otra persona lo ha recibido? Si es así, ¿de qué manera fue usted testigo de las gracias de este sacramento? Si usted nunca ha estado presente durante la celebración de este sacramento, ¿a qué se debe?

Herramienta

7: El perdón en la familia y el Sacramento del Matrimonio.

La mayoría de los Católicos, probablemente, no piensan en el perdón cuando piensan en el Sacramento del Matrimonio, a menos que estén pensando en el consejo de la Iglesia que es bueno para las parejas para celebrar el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación poco antes de su matrimonio. Pero el perdón es una de las gracias que fluyen de este sacramento también; sólo un poco diferente que en otros sacramentos. El Sacramento del Matrimonio es conferido por cónyuges entre sí a través de su expresión libre y sin coacción, por medio de sus votos matrimoniales, de su promesa de amor permanente, fiel e incondicional. Dios bendice esto con las gracias sacramentales que dan a uno el poder para cumplir lo que uno ha prometido mucho más allá de nuestras capacidades humanas. Por lo tanto, aquellos que permiten estas gracias dar fruto en su matrimonio, encuentran que estas se expresan en la caridad, en la obra común del cuidado de la creación, el sacrificio, la hospitalidad, la paciencia, el perdón, la ternura y la formación temporal, moral, y espiritual de los hijos. Así pues, no es que Dios ofrece su regalo de perdón a un cónyuge que entra en el Sacramento del Matrimonio, sino que Dios comparte con cada cónyuge la capacidad de perdonar al otro. Y este perdón de las parejas, uno para el otro, se convierte en la base del perdón en la familia que se deriva de este matrimonio. La Iglesia enseña que la familia es una importante expresión de la Iglesia y de hecho lo nombra la iglesia doméstica. Los primeros maestros de los hijos son los padres y otros miembros de la familia. En la familia, se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón, y, sobre todo, el culto divino en la oración y la ofrenda de la propia vida. En el Sacramento del Matrimonio, Dios da el don de compartir en el perdón y enseñar a otros – viviéndola, cómo pedir y otorgar el perdón el uno del otro.

Pregunta de Reflexión ¿De qué manera le enseño su familia de origen como pedir, recibir y otorgar perdón? ¿Cómo ha visto usted en otras familias la bendición de dar y recibir perdón?

Herramienta

8: La relación entre el perdón y la reparación.

En un momento u otro la mayoría de nosotros probablemente han escuchado la expresión, “Perdona y olvida.” Esta expresión da la idea de que el perdón implica limpiar todas las consecuencias de la culpa y limpiándolo de memoria incluso. Esta es una expresión desafortunada porque no expresa con exactitud la enseñanza de la Iglesia sobre la naturaleza del pecado y de la naturaleza del perdón. Un aspecto del pecado es que daña las relaciones. La relación puede ser entre el individuo y Dios solamente o puede incluir relaciones humanas. Esto es evidente en muchos casos. Si robo de usted, y usted sabe que yo le robé a usted, lo más probable es que sea cual fuera nuestra relación antes, ahora es peor - si no está completamente rota. Cuando hablamos de la relación de un individuo con Dios, reconocemos que el pecado causa heridas, o en algunos casos, destruye por completo esa relación. Este daño a la relación de un individuo con Dios, que proviene de un pecado es lo que la Iglesia llama, “los castigos temporales debido al pecado.” El don del perdón de Dios sana a esta relación y acaba con estos “castigos eternos.” Hay otros aspectos del pecado, sin embargo, no sólo son las relaciones dañadas o destruidas, pero otros daños reales pueden fluir del pecado. Si robo de usted, no sólo dañé nuestra relación pero ha sufrido una pérdida financiera. Simplemente el ser perdonados no hace por arte de magia curar esta otra pérdida real. La Iglesia enseña que cada ofensa contra la justicia y la verdad, incluyendo las relativas a la toma injusta de la propiedad y delitos contra la reputación de otra persona requiere una reparación, incluso si el culpable ha sido perdonado. De hecho, el auténtico perdón a menudo requiere que el culpable pueda reparar, o por lo menos tener la intención auténtica de hacerlo, para que el perdón se produzca. Estos efectos del pecado que permanecen incluso después de que se ha concedido el perdón son llamados por la Iglesia a los “castigos temporales debido al pecado.” El Papa San Juan Pablo II perdonó al hombre que intentó asesinarlo. Ese hombre no fue liberado inmediatamente de la cárcel simplemente porque su víctima lo había perdonado. Las consecuencias reales de las acciones de ese hombre siguieron marcando su vida. Aun así, el perdón otorgado hizo liberar a ambos de la prisión del odio. El regalo del perdón de Dios no significa que “perdone y olvide” ya que ignoraría las exigencias de la justicia.

Pregunta de Reflexión ¿Piense en un ejemplo de una persona que pecó contra usted, y que en última instancia, perdonó? ¿Había alguna reparación que se llevó a cabo?

Herramienta

9: Ser mayordomos del regalo del perdón de Dios.

Central a la vocación Cristiana de cada individuo recibió de Dios, es el llamado a ser buenos administradores de los dones. La mayordomía es una expresión del discipulado solicitado por el bautismo. Los discípulos que practican la administración reconocen a Dios como el origen de la vida, el dador de la libertad, la fuente de todo lo que tienen, son y serán. Ellos se conocen a sí mismos para ser receptores y cuidadores de muchos dones de Dios. Ellos están agradecidos por lo que han recibido y con ganas de cultivar sus dones por amor a Dios y a los demás. Entre las muchas respuestas del mayordomo agradecido es la oración. La oración de bendición y adoración es un diálogo en el que la oración de uno asciende en reconocimiento y aceptación de los dones que Dios ha dado ya que descienden a la humanidad. Los dones son reconocidos como tal y el que ora reconoce con humildad que él o ella es una criatura ante el Creador. Si hemos recibido el regalo del perdón de Dios, entonces tenemos la responsabilidad de ser mayordomos de ese regalo, tanto como somos de cualquier otro regalo. Como discípulos Cristianos nosotros también debemos ser personas de perdón y personas que llevan a cabo un ministerio de la reconciliación. En la Quinta Bienaventuranza, Jesucristo enseña que la misericordia de Dios puede penetrar en los corazones de todas las personas, lo que les permite perdonar a sus enemigos a través del ejemplo y la ayuda de Cristo. Como San Pablo escribió en su segunda carta a la comunidad Cristiana de Corinto: “Toda persona que está en Cristo es una creación nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha llegado. Todo eso es obra de Dios, que nos reconcilió con él en Cristo y que a nosotros nos encomienda el mensaje de la reconciliación. Pues en Cristo Dios estaba reconciliando el mundo con él; ya no tomaba en cuenta los pecados de los hombres, sino que a nosotros nos entregaba el mensaje de la reconciliación. Nos presentamos, pues, como embajadores de Cristo, como si Dios mismo les exhortara por nuestra boca. En nombre de Cristo les rogamos: ¡déjense reconciliar con Dios!” (2 Corintios 5,17-20a). Así que el regalo del perdón de Dios no debe ser acumulado, sino compartirlo generosamente por cristianos generosos.

Pregunta de Reflexión ¿De qué manera se siente usted ser llamado, como una persona que ya ha sido dado el regalo del perdón de Dios, para ser mayordomo de ese don y para ser una persona que perdona y reconcilia?

Oracion Final

Tomad, Señor y recibid

toda mi libertad

mi memoria, mi entendimiento

y toda mi voluntad

Todo mi haber y mi poseer

vos me lo disteis

a vos Señor lo torno

Todo es vuestro

disponed a toda vuestra voluntad

Dadme vuestro amor y gracia

que ésta me basta

-Ignacio de Loyola

Febrero 27, 2015 - Mensaje de Cuaresma del Papa Francisco

En su mensaje de Cuaresma del año 2015, el Papa Francisco nos enseña:

“La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.”

Aquí el papa nos propone hacer uso de este tiempo para la renovación de nuestro compromiso como bautizados. Este cambio, este giro, esta conversión que necesitamos realizar no es una iniciativa propia, sino una respuesta al Dios que primero nos amó.

Nuestro Dios no es un Dios indiferente, nos dice el papa, no es como nosotros que vivimos encerrados en nosotros mismos, en esa actitud que vemos en Caín cuando Dios le pregunta: Donde esta tu hermano”, y Caín le responde: “Acaso yo soy el guardián de mi hermano?: Cuando el padre de familia dice “ahí que mi esposa se las arregle con los hijos,” cuando el hijo dice, “ahí que mis papas se las arreglen con el aseo de la casa,” ahí encontramos esa actitud, esa indiferencia que tenemos que hacer a un lado si queremos ser como Dios que nos ama y se preocupa por todos nosotros.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.

Hermanos y hermanas, el papa nos invita a escuchar el grito de los profetas, estos personajes tan malentendidos, que a veces los vemos simplemente como “adivinos del futuro.” No es así, el papel de los profetas era el de comunicar la palabra de Dios ante el pueblo que se había desviado y se había olvidado de los pobres y de los mas necesitados. El papel de los profetas es entonces denunciar estos abusos y proclamar la verdad de Dios (cosa que a veces incluía eventos futuros, pero esto es algo menor).

Los profetas llaman al pueblo a la conversión:

Jeremías: Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahvé, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues volverán a mí con todo su corazón (ver Jer 31:31.

Ezequiel: Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios (Eze 11:19–20).

Juan Bautista: Preparen los caminos al Señor, conviértanse

Jesús: lo mismo

El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

El Papa Francisco continua su meditación:

La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).

La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

Me gustan mucho estas palabras del Santo Padre, porque muchos de nosotros tenemos presente el hecho de que estamos llamados a servir a Dios (y de eso voy a hablar en un momento), pero muchos de nosotros no nos ponemos a pensar lo que aquí nos recuerda el papa: “Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo.” Primero hay que dejarnos amar por nuestro Dios bondadoso, nuestro Dios amoroso, nuestro Dios misericordioso, que nos da toda clase de muestras de este amor: las mas grandes de ellas los sacramentos, y de los sacramentos el mas grande la Eucaristía, que nos da, no solo la gracia como en los demás sacramentos, sino que nos da al autor mismo de la gracia-Jesucristo en su cuerpo, sangre, alma y divinidad. ¿Que tan grande es el amor de nuestro Dios, que nos da tan maravilloso tesoro?

Nos ofrece el papa un tercer pasaje:

Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).

Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.

En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia. La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).

También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.

Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.

Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

El papa en este mensaje, como se podrán dar cuenta, quiere que ataquemos el mal de la indiferencia. Para atacar y vencer este mal es necesario primero que nada, tener la visión que aquí el papa nos recuerda: los bautizados somos miembros de un solo cuerpo. Somos un solo cuerpo-de manera que aquí no hay nada de que yo voy por mi cuenta, allá ellos… Todos estamos unidos por nuestro bautismo y somos un solo cuerpo, tenemos un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo como nos dice san Pablo. A nivel de Iglesia atacamos la indiferencia en dos niveles: En oración la iglesia se mantiene en unidad con la parte del cuerpo que ya esta en el cielo. En la acción social con los pobres y con los necesitados la Iglesia esta unida con la sociedad terrenal y cumple así su llamado misionero de llevar todos a Cristo.

En el ultimo pasaje nos dice:

También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?

En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.

En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.

Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.

Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.

Con estas palabras cierra el papa Francisco su mensaje de Cuaresma, dejándonos 3 puntos con los cuales debemos fortalecernos para esta tarea:

· la oración

· los gestos de caridad

· acudir al llamado a la conversión que nos da atender a la necesidad del otro

Hagamos nuestra la oración: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo.”

Puedes escuchar el programa original aquí: http://www.jcmoreno.net/2015/03/02/el-gozo-del-evangelio-mensaje-de-cuaresma-del-papa-francisco/.

Diciembre 26, 2014-Sobre la Octava de Navidad

El tema del programa el día de hoy es la Navidad, en su aspecto litúrgico, la fiesta de la octava de Navidad.

Lo primero que deberíamos establecer es el hecho de que en la Iglesia marcamos el paso del tiempo de una manera diferente que el resto de la sociedad. Mientras que una sociedad cívica el día mas importante podría ser la independencia del país, a o la fundación de la ciudad, o algo así, pues para nosotros los católicos, el evento que marca el paso del tiempo es el Misterio Pascual: los eventos de la Pasión, muerte, y Resurrección de Jesucristo. Para nosotros la fiesta mas grande es la Pascua. Marcamos cada Domingo con la celebración de una Pascua “chiquita” por decirlo así, todo esto con miras al Domingo “grande”-el Domingo de Pascua.

La otra cosa que nos distingue de otras sociedades no cristianas, es que observamos el domingo como día de descanso. Esto nos viene como herencia de nuestros hermanos mayores espirituales, los judíos, a quienes Dios les confió la Antigua Alianza, que incluía un día de descanso ordenado para la humanidad, así como Dios descansó en el séptimo día de la creación. Antes de la venida de Jesús, este día de descanso era el Shabbat, o sea el sábado. Debido a la consideración de la importancia de la resurrección como razón de nuestra fe, la Iglesia transfiere la celebración del descanso del sábado al domingo, como lo tenemos el día de hoy la mayoría de los Cristianos.

Nuestro año litúrgico también tiene diferentes puntos de comienzo y final: en la sociedad secular el año termina el 31 de Diciembre y el Nuevo año se inaugura el 1ero de Enero, para nosotros los Cristianos católicos el año termina con la celebración de Cristo Rey, y el Nuevo año litúrgico comienza con el primer Domingo de Pascua.

Tenemos así establecido la razón de nuestro ritmo, de nuestro calendario, y vamos a pasar a hablar ahora de la temporada de navidad. Para nosotros los cristianos la navidad no se celebra en un solo día. En la sociedad secular, hoy viernes 26 de diciembre ya vemos que muchos empezaron a limpiar, a sacar sus pinitos a la basura, a quitar las luces de la casa, etc. Como católico, a mi se me hace tan peculiar que la sociedad capitalista y consumista en la que vivimos, cada año sacan las ventas de navidad mas temprano-este año creo que ya para septiembre varias tiendas tenían ya sus artículos de navidad a la vista. O sea, ya desplazaron no solamente al pavo de Acción de Gracias, sino también a las Calaveras de Halloween (que podría ser tema de otro programa…) etc. Para nosotros los cristianos católicos el ritmo es la espera de Adviento por cuatro semanas, y la celebración de la navidad por ocho días. Si lo escucho usted bien, la celebración de la navidad debe ser por ocho días.

La Navidad comienza el día 24 de diciembre en la noche con la celebración de la llamada Misa de Gallo, que es la Misa de Navidad. A partir de ahí, por los ocho días siguientes, se celebra la Octava de Navidad. Esta celebración, por ocho días, la podemos ver también en la costumbre judía de celebrar las fiestas religiosas más importantes, por ejemplo la circuncisión en el octavo día, después del nacimiento de un niño— por este número de días simbólico para ellos. Por eso al igual que la Navidad la Pascua tiene su propia octava. Celebramos por ocho días porque la celebración de la natividad del Señor no puede quedar reducida a un solo día. Necesitamos tiempo para asimilar la fiesta, para “comprenderla” por decirlo así.

Así como este tiempo de celebración nos ayuda a comprender mejor la fiesta, también tenemos un tiempo de preparación antes de poder entrar en el misterio que estamos celebrando. En el caso de la Pascua, tenemos los cuarenta días de la Cuaresma, y aquí en la Navidad tenemos la temporada de Adviento. Nosotros los cristianos católicos tenemos estos tiempos de espera, de preparación. En la Cuaresma y en el Adviento estamos llamados a hacer una reflexión sobre los misterios que vamos a celebrar. Y nos preparamos con la oración, la reconciliación, y diversos otros ritos, por ejemplo, la cultura hispana tiene las posadas empezando nueve días antes de Navidad.

Ya hablamos un poco de las razones por las que celebramos el tiempo de manera diferente, hablamos del Domingo de Resurrección, de la Pascua como punto central de nuestro vivir, de nuestro calendario litúrgico, hablamos de la razón para celebrar por ocho días-que es para adentrarnos en tan grande celebración, y hablamos también de las temporadas de preparación como la cuaresma y el adviento.

Y bien, ahora podemos hablar de las fiestas de la octava de Navidad. A primera vista nos parecería extraño lo que celebramos inmediatamente después del nacimiento de Jesús: san Esteban el 26, a san Juan el 27, y a los santos inocentes el 28. Esos tres días de fiesta introducen la idea del martirio en la celebración de Navidad. San Esteban fue el primer mártir, san Juan sufrió persecución y exilio a causa de Cristo y los niños asesinados por orden de Herodes confesaron a Cristo no con palabras, sino con su propia sangre.

Esta idea de martirio introduce una nota de realismo, ligeramente áspera, en nuestras festividades navideñas. No se nos permite recrearnos durante demasiado tiempo ante la cuna, donde todo parece bañado en una efusión de paz y de luz. La fe cristiana incluye el seguimiento de Cristo. Las malas interpretaciones, la oposición, la persecución, incluso el martirio, son la herencia de aquellos que desean pertenecer a Cristo y dar testimonio de él. En el evangelio para el día de san Esteban (Mt 10,17-22), Jesús mismo nos advierte anticipadamente de esto: “Seréis llevados ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los paganos”.

Otras dos de las fiestas de la Octava de Navidad serian la Sagrada Familia, y el día de María, Madre de Dios. El tema de la familia es muy importante para nosotros hoy en día que la familia se ve atacada por diferentes lados en nuestra sociedad. Para nosotros el hecho de que nuestro Señor se encarno en el seno, bajo la protección de una familia nos habla de su importancia.

San Juan Pablo II en su papado le dio gran importancia a la familia. Para Juan Pablo II, el plan de Dios para la familia es uno de servicio hacia la evangelización. Después de todo, en el plan de Dios, las familias han de ser una escuela de amor. Juan Pablo II escribió: “Los padres son, a través del testimonio de su vida, los primeros mensajeros del Evangelio para sus hijos.” Los padres son los primeros educadores de sus hijos, De acuerdo con el papa, la vocación de los padres como educadores es un verdadero ministerio, y tiene sus raíces en el sacramento del matrimonio. Para Juan Pablo II a la familia es de suma importancia, no sólo para la Iglesia, sino también para la sociedad en general. Según él, la familia es “la célula primera y vital de la sociedad.”

Finalmente tenemos la fiesta de María, Madre de Dios. Esta fiesta la instituyo en tiempos modernos el Papa Pio XI en 1931, para celebrar los quince siglos de aniversario de la proclamación de María como Madre de Dios por el Concilio de Éfeso en el año 431. Celebramos así a María que es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación. En nuestra Madre Santa María encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús, ayudándonos a conformarnos con Él.

Quisiera concluir ahora con la aplicación a nuestras vidas de lo que hemos mencionado. ¿Qué significa como católicos que tengamos estas temporadas litúrgicas, porque celebramos las cosas de esta manera? Y bueno, a mi entender celebrar estas fiestas tan grandes como la Navidad y la Pascua por un periodo de varios días, nos ayuda a adentrarnos en los misterios tan grandes que celebramos. Si le ponemos atención, otras culturas hacen los mismo- por ejemplo en la cultura India una boda no dura un día, como es el caso para nosotros, ellos celebran por toda una semana. Y no son los únicos, judíos, árabes, y muchos otros lo hacen así. Es algo muy humano el extender la celebración para poder adentrarnos en ella. Por eso nosotros igualmente vamos a mantener nuestras decoraciones, nuestro nacimiento, y vamos a seguir cantando cantos de Navidad por toda la temporada. ¿Cómo debemos celebrar la Navidad? Bueno, primero que nada con alegría, como nos exhorta san Pablo: estén alegres en el Señor. Compartimos de esta alegría con los mismos ángeles que alaban a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres” – como vemos en el evangelio según San Lucas. Celebramos por estos ocho días con la alegría de saber que Dios esta con nosotros. Con Zacarías decimos “Bendito sea el Señor, Dios de Israel porque a visitado y redimido a su pueblo.” Como nos propone la liturgia, dentro de esta alegría que vivimos, estamos consientes de la cruz. Estamos consientes que seguir a Jesús lleva al martirio, quizás no el martirio de dar nuestra sangre, pero si el martirio de matar al viejo yo, de hacer a un lado las cosas que nos separan de Dios. Hermanos y hermanas, gracias por estar con nosotros en este programa, y que Dios nos otorgue la gracia de llevar esta alegría de la Navidad, de tener a Dios con nosotros que la llevemos siempre en nuestros corazón. Gracias y que Dios los siga bendiciendo.

Puedes escuchar el programa original aquí: http://www.jcmoreno.net/2014/12/26/el-gozo-del-evangelio-octava-de-navidad/

Marzo 13, 2015 - Sobre el Segundo Aniversario del Pontificado del Papa Francisco

Estimado radio escucha, hoy hablaremos sobre los dos años de pontificado del Papa Francisco. Precisamente el dia de hoy se cumplen dos años cuando la fumata blanca anunciaba que los señores cardenales habían elegido al sucesor de San Pedro, esa chimenea arriba de la capilla sixtina en el vaticano que avisaba al mundo entero su humo blanco.

Lo primero que quiero recalcar es que, es el primer Obispo de Roma de este continente americano, eso en si es historia, es uno de los nuestros. Por lo cual, hemos visto o escuchado por televisión o radio su gran afecto a la gente, lo que muchos consideran el “efecto francisco” toma el nombre francisco de ese gran santo de Asis, el pobre de asis, que quiere una Iglesia pobre y para los pobres, camina por las calles, se toma fotos con los jóvenes, abraza a los marginados y enfermos, no teme a divertirse poniendo nariz de payaso, su cuenta de twitter ha aumentado entre creyentes y no creyentes. Se le conoce como el Papa del Pueblo. He aquí en su breve pontificado las grandes contribuciones que ha hecho para la Iglesia.

13 de Abril crea el Consejo Especial de Cardenales y nombra a 8 alrededor del mundo

12 de Mayo canonizo a 815 santos en una sola ceremonia

5 de Julio publica su primera encíclica Lumen Fidei
25.”La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida” 30. “El hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad, porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos”.

9 de Julio primer viaje pastoral a la Isla de Lampedusa para encontrarse con inmigrantes africanos

22 de Julio, primer viaje a Brasil sobre la Jornada Mundial de la Juventud 43. “Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle” 25 de Julio de 2013 45. “¡La fe es entera, no se licúa, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí” 25 de Julio de 2013

7 de Septiembre preside una jornada mundial de ayuno y oración por la paz en Siria, Medio Oriente.

CANONIZACIÓN JUAN PABLO II Y JUAN XXIII

Muchos lo recuerdan como “el domingo de los cuatro papas”. El 27 de abril, el papa Francisco encabezó la doble canonización de los pontífices Juan Pablo II y Juan XXIII frente al papa emérito Benedicto XVI frente a más de un millón de peregrinos. “Los santos Juan XXIII y Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano, porque en cada persona que sufría veían a Jesús”, dijo Francisco,

El domingo 19 de octubre, el papa Francisco proclamó beato a Pablo VI, el papa que concluyó el Concilio Vaticano II.

SU VIAJE A MEDIO ORIENTE

El motivo de este viaje fue conmemorar el 50 aniversario del abrazo entre un Papa y el principal líder ortodoxo tras mil años de silencio. Francisco y Bartolomé I repitieron el mismo gesto.

  1. “Debemos pensar que, igual que fue movida la piedra del sepulcro, así pueden ser removidos todos los obstáculos que impiden aún la plena comunión entre nosotros”.

Por primera vez, también rezaron juntos el Padrenuestro.

En un histórico viaje a Tierra Santa -donde además regaló una simbólica foto junto a un líder religioso judío y otro musulmán de la Argentina-, el Papa destacó que “musulmanes, cristianos y judíos reconocen a Abraham, si bien cada uno de manera diferente, como padre en la fe y un gran ejemplo a imitar”.

en Seúl, Francisco también llamó a la reconciliación a las dos Coreas, divididas desde hace más de medio siglo, y también viajó a Turquía para enviar un mensaje a Medio Oriente, en un año marcado por guerras civiles y extremismo

(Pausa Musical –Comienza canto #4)

EL PERDÓN Y LOS ARRESTOS A LOS CURAS PEDÓFILOS

Uno de los casos más claros es el del arresto domiciliario, en septiembre pasado y con el visto bueno del papa Francisco, del polaco Jozef Wesolowski (el ex nuncio en Santo Domingo acusado de abusos contra menores), que podría afrontar hasta siete años de cárcel. En la misma semana, el Papa destituyó al obispo de Ciudad del Este, Rogelio Livieres Plano, acusado de dividir a la Iglesia paraguaya y de encubrir a un cura argentino acusado de pedofilia.

SÍNODO EXTRAORDINARIO SOBRE FAMILIA

papa Francisco admitió en varias oportunidades que la familia “está en crisis” y se preocupa por conseguir que la Iglesia responda a los cambios sociales de las últimas décadas. Para eso, convocó para octubre pasado un sínodo extraordinario de dos semanas dedicado exclusivamente a ese tema. Para eso, lanzó antes un cuestionario para recaudar las opiniones de la los fieles del mundo sobre cuestiones como la homosexualidad y los divorciados vueltos a casar.

el Papa volvió a lanzar un nuevo cuestionario sobre la familia a las sedes episcopales del mundo con vistas a la celebración del próximo Sínodo de los Obispos, que se celebrará entre los días 4 y 25 de octubre de 2015, bajo el título “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”,

LAS NEGOCIACIONES CON EE.UU. Y CUBA

El propio Jorge Bergoglio intervino en el caso. Primero, en la reunión a solas con el presidente estadounidense, Barack Obama, en marzo pasado. Después, a través de cartas enviadas al presidente demócrata y su par cubano, Raúl Castro, para invitarlos “a resolver cuestiones humanitarias de común interés, como la situación de algunos detenidos, para dar inicio a una nueva fase de las relaciones entre las dos partes”.

Frases celebres del Papa Francisco

“¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!” o “No traigo oro ni plata, sino algo más valioso: Jesucristo” han sido dos de las grandes frases que Francisco, el nuevo obispo de Roma, ha dejado a lo largo de 2013.

Destacó el importante papel de las mujeres para transmitir la fe, porque “son impulsadas por el amor y saben recibir este anuncio con fe: creen e inmediatamente lo transmiten, no se lo guardan para sí. La alegría de saber que Jesús está vivo, la esperanza que llena sus corazones no se puede contener. Esto debería suceder también en nuestra vida”.

  1. “Si alguien es gay, ¿Quién soy yo para criticarlo?”

(si se necesita Pausa Musical –Comienza canto #14)

ENTREVISTA EN LA CIVILITTA CATTOLICA. 19 DE SEPTIEMBRE

  1. “¿Quién soy yo? Un pecador en quien el Señor ha puesto sus ojos. Y no es una forma literaria de hablar: Soy un pecador”.
  2. “El apartamento pontificio es grande pero no es lujoso. Pero yo me he quedado en Santa Marta porque sin gente no puedo vivir”.

“Cuando percibo comportamientos negativos en ministros de la Iglesia o en consagrados o consagradas, lo primero que se me ocurre es: Un solterón o una solterona”.

  1. “El confesionario no es una sala de tortura. Es un lugar de misericordia”.

EVANGELII GAUDIUM. PRIMERA EXHORTACIÓN. 27 DE NOVIEMBRE.

“La sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría”

“La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción” (Pg.15).Pg.8).

“Los evangelizadores tienen”El obispo estará a veces delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados” (Pg.28). ‘olor a oveja’ y éstas escuchan su voz” (Pg.22)

“Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (Pg.41).

No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa” (Pg.45).

“Quisiera que se escuchara el grito de Dios preguntándonos a todos: ¿Dónde está tu hermano?. ¿Dónde está ese que estás matando cada día en el taller clandestino, en la red de prostitución, en los niños que utilizas para mendicidad, en aquel que tiene que trabajar a escondidas porque no ha sido formalizado? No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para todos! Y en nuestras ciudades muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda” (Pg.165).

ENTREVISTA EN ‘LA STAMPA’ POR SU PRIMERA NAVIDAD COMO PAPA.15 DE DICIEMBRE

“La mujer en la Iglesia tiene que ser valorada, no clericalizada”.

“En algunos países matan a los cristianos porque llevan consigo una cruz o tienen una Biblia; y antes de matarlos no les preguntan si son anglicanos, luteranos, católicos u ortodoxos. La sangre está mezclada. Para los que matan somos cristianos. Unidos en la sangre, aunque entre nosotros no hayamos logrado dar los pasos necesarios hacia la unidad, y tal vez no sea todavía el tiempo”.

“El año pasado en Argentina denuncié la actitud de algunos sacerdotes que no bautizaban a los hijos de madres solteras. Es una mentalidad enferma”.

“Un cardenal anciano me dijo hace algunos meses: “Usted ya comenzó la reforma de la Curia con la misa cotidiana en Santa Marta”. Esto me hizo pensar: la reforma empieza siempre con iniciativas espirituales y pastorales, antes que con cambios estructurales”.

“El Evangelio no debe enseñarse a ‘bastonazos’”

El papa Francisco pidió el 3 de enero de 2014 a sus compañeros jesuitas no anunciar el Evangelio católico “a bastonazos inquisitorios”, sino hacerlo con “dulzura, fraternidad y amor”.

7 de febrero.- En un discurso a los obispos polacos exhortó a la iglesia a “no excluir” a los cristianos separados o divorciados de la iglesia sino a brindarles su apoyo para “que no se sientan excluidos de la misericordia de Dios”.

¿Usted sabe cómo se suicida un argentino?

VALENTINA ALAZRAKI: No.

PAPA FRANCISCO: ¿No? ¡Se sube arriba de su ego y de ahí se tira abajo!

Oracion Final

Tomad, Señor y recibid

toda mi libertad

mi memoria, mi entendimiento

y toda mi voluntad

Todo mi haber y mi poseer

vos me lo disteis

a vos Señor lo torno

Todo es vuestro

disponed a toda vuestra voluntad

Dadme vuestro amor y gracia

que ésta me basta Ignacio de Loyola